martes, 9 de septiembre de 2014

GanemosPinto: llega la primavera.



GanemosPinto:  llega la primavera.



La reciente experiencia de confluencia política impulsada por diversas organizaciones, colectivos, y ciudadanos a título individual, que se está comenzando a desarrollar en Pinto y a la que hemos dado en llamar con el sugerente nombre de GanemosPinto,  supone una gran oportunidad de cambiar la política de un modo profundo y abre la posibilidad de crear instrumentos con los que los ciudadanos vayan siendo capaces de hacerse con más espacios de poder. Nos encontramos en un momento social y político crucial en el que desaprovechar este tipo de oportunidades supondría una torpeza y una irresponsabilidad imperdonables. El patriotismo de siglas no debe tener lugar cuando existe, tal vez por primera y no sé si única vez, la posibilidad de cambiar las cosas de modo muy significativo. Aunque a veces no nos lo pueda parecer, tenemos nuestra pequeña porción de responsabilidad histórica.

¿Tomar el poder sin más? De ningún modo GanemosPinto debe constituirse únicamente como una plataforma para conseguir el poder a cualquier precio o como un ariete que pretende derribar al gobierno del Partido Popular pactando con quien sea, para utilizar el poder en su propio beneficio y para justificar los abusos que se pudiesen cometer durante cuatro años por la “confianza” expresada por los ciudadanos en las urnas. No es, de ningún modo, una apuesta por la alternancia, sino que se trata de algo muy distinto: la cuestión es comprender que el objetivo de ganar las elecciones es un medio más que un fin, y que esa victoria electoral no supondría un pretexto para acomodarse o para pensar que ése es el punto de llegada del proyecto, sino que se trataría del punto de partida.

Todos lo objetivos que se plantea GanemosPinto solo se podrán conseguir si somos conscientes de que el poder debe ser un poder ciudadano, que la democracia es un movimiento, y que tampoco la democracia es algo que se alcanza definitivamente,  sino que es un modo de vivir que se construye y se perfecciona cada día. El control constante y activo por parte de los ciudadanos de los cargos electos y su posibilidad de revocación en cualquier momento deben garantizar que no se abra un abismo entre representantes y representados. Estos representantes no deben sentirse miembros de una clase “especial” que ha llegado a ese puesto debido a su superioridad con respecto al resto de ciudadanos. Nuestros representantes deben ser conscientes de que no son nada más, y nada menos, que ciudadanos que hacen política de modo circunstancial.

No podemos olvidar que el sistema en el que vivimos está basado, además de en una determinada estructura económica, en un conjunto de relaciones sociales y en una manera de vivir y de enfrentarnos a la realidad. Es muy importante que si queremos realmente construir algo distinto (prefiero este término a “nuevo”), debemos dar una gran importancia a la cuestión del ejemplo. Frente al despilfarro, al nepotismo, a la prepotencia, al autoritarismo y ante tanta degeneración de la política, debemos confrontar un comportamiento ejemplar, austero, ecuánime y siempre en una permanente relación de igualdad con el conjunto de los ciudadanos. A nuestros representantes debemos exigirles un especial cuidado y exquisitez en esa ejemplaridad que demandamos para todos.


Ganemospinto no deberá caer en el error de autoproclamarse “campeón” de la participación ciudadana y de olvidarse de ella cuando tenga el poder en sus manos. Ya son demasiadas las veces en las que hemos contemplado programas electorales con “apuestas participativas”, o que prometían gobernar con los movimientos sociales y ciudadanos, y que una vez instalados en sus sillones, se dedican a cooptar y destruir cualquier voz crítica. La potenciación de un movimiento crítico, democrático, que controle y no permita acomodarse a los representantes políticos sería un rasgo diferencial y muy importante en la labor política de GanemosPinto. Sin la independencia de los movimientos sociales no puede existir un movimiento crítico que merezca ese nombre y que garantice un control permanente de los representantes políticos.

Y, por supuesto, es necesario un profundo empeño político para fomentar la participación y para sacar a los ciudadanos del “letargo inducido”  al que se les ha llevado desde ya hace demasiado tiempo. Van a resultar imprescindibles, debemos tenerlo claro, políticas activas de participación y será necesario un plan serio para estimularla. Hay que enfrentarse también con valor a ese lugar común de que “la gente no participa”. Es posible que la gente participe más, sólo si se la incita a la participación, si se hace un esfuerzo pedagógico para que la ciudadanía sea consciente de la importancia de que se implique en las decisiones. Resulta evidente que nuestros conciudadanos, como en el caso de Pinto, no participan cuando se les presenta una caricatura participativa en la que no tienen ningún tipo de poder de decisión.

Tampoco creo que sería bueno que nos quedásemos en un modelo  democracia que se centrase únicamente en los procedimientos, sino que deberíamos tratar de profundizar lo máximo posible y tratar de hallar un concepto “fuerte” de democracia. Los medios condicionan de modo profundo los fines, pero no son un fin en si mismos. Con esto quiero decir que herramientas como las primarias ciudadanas, por ejemplo, son buenas y necesarias, pero, a la vez, no son la absoluta garantía de la democracia. Son, sin duda alguna, un paso importante que ayuda a crear conciencia y costumbre democrática, pero, en mi opinión, lo único que garantiza realmente la democracia es la implicación de la mayoría social en su autogobierno. Tal vez pueda parecer un objetivo demasiado ambicioso, pero estoy convencido que ese debe ser el objetivo principal de GanemosPinto.

Quizás  nunca hemos visto tan de cerca la primavera, quizás nunca las esperanzas han sido tan grandes, pero la criatura que la vislumbra es frágil. De nuevo el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia deben combinarse con la mayor cantidad de sabiduría y de prudencia posibles. Depende de todos nosotros, de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad, para que este proyecto crezca con fuerza y para que se pueda fraguar un proyecto capaz de alumbrar lo que todos deseamos: la democracia real, el poder de los ciudadanos.



Carlos Gutiérrez (GanemosPinto)

lunes, 16 de junio de 2014

Aniversario del Centro Social Trilce



Aniversario del Centro Social Trilce
Construyendo el futuro entre todos


El extraordinario éxito de la celebración del aniversario del Centro Social Trilce este pasado sábado no es casual sino que se trata del fiel reflejo de lo que ha sido todo este tiempo de intensa actividad. La fiesta, en mi opinión, ha supuesto el mejor escaparate posible para mostrar al conjunto de los ciudadanos cuál es el modo de trabajar y cuál es la realidad del trabajo que se desarrolla en el Centro.

En esta jornada se ha podido visualizar la capacidad que tenemos, y que debemos desarrollar más, para hacer cosas juntos y para implicarnos en la consecución de los mismos objetivos pese a que cada uno de nosotros trabaje en  campos sociales, políticos o culturales distintos. Hemos comprobado también, que lo que menos importa es el nombre del grupo o asociación, y que si lo que impera es el espíritu colectivo y la coincidencia en los fines, se puede, a la vez, fortalecer el propio grupo y trabajar conjuntamente en una misma dirección.

Y todo lo que se ha conseguido ha demostrado que es posible vivir de otro modo, que se pueden hacer muchas cosas con valores distintos a los puramente mercantiles. También ha quedado claro que es posible superar la división del trabajo: no hay intelectuales que piensan y ordenan y “trabajadores” que ejecutan sus órdenes, todos pensamos y todos trabajamos en cualquier labor que sea necesaria para el colectivo. La solidaridad, el apoyo mutuo y el trabajo colectivo van creando dinámicas que se instalan en nuestro interior y hacen de nosotros personas más humanas, más completas y, en definitiva, mejores. Es posible un cambio antropológico profundo si nos damos cuenta de la potencialidad de la cultura colectiva creada desde abajo.

A veces menospreciamos experiencias como el juego en grupo, el baile, la comida autogestionada o el debate más allá de los estrechos marcos digitales. En mi opinión no valorar suficiente estas cuestiones se trata de un error; al juntarnos y compartir experiencias, aunque alguna pudiera parecernos muy cotidiana, estamos cambiando algo en nuestro interior y estamos rechazando la cultura dirigida desde arriba que pretende homogeneizarnos. Aunque sea por unas horas, estamos socializando y combatiendo el individualismo. Estamos, por decirlo de otro modo, reapropiándonos de nuestras propias vidas.

Con cada taller, con cada reunión de colectivos, con cada acto cultural o sociopolítico, estamos empezando a crear  una nueva cultura de vida que surge desde abajo y que puede ser el germen de una sociedad distinta y más justa. Solo seremos capaces de cambiar si podemos crear un modo de vivir distinto, que recoja lo mejor de las tradiciones de la vida en común, que nos aleje de la sociedad del espectáculo en la que estamos inmersos y que nos permita desarrollarnos como personas al mismo tiempo que desarrollamos el conjunto de la sociedad.

Para mí esta es la conclusión más importante de este corto pero muy fructífero tiempo de vida de Trilce: los pequeños pasos, los pequeños lugares de encuentro son gotas que pueden llegar a desbordar el mar, creando nuevas formas de entender las relaciones sociales y posibilitando un cambio en cada uno de nosotros que haga cambiar al conjunto de la sociedad. Estoy convencido de que si nos cambiamos nosotros mismos no podremos abordar grandes cambios sociales.

Creo que Trilce, de algún modo, es o intenta ser una escuela de vida. Para los que le parezca demasiado pretenciosa mi afirmación, diría, que al menos es un laboratorio en el que se ensayan modos de vivir  que buscan crear una nueva cultura. Esa es mi impresión personal, que tal vez puede no ser compartida por otros socios. He pensado que era mi deber agradecer este tiempo de lucha y de compartir experiencias escribiendo estas breves líneas en las que no me puedo permitir olvidar dar gracias a los trabajadores despedidos del Ayuntamiento de Pinto por su presencia y por su ejemplo. No debo terminar sin exclamar ¡Felicidades Trilce!.

Carlos Gutiérrez (socio de Trilce)

martes, 27 de mayo de 2014

Podemos: ¿una victoria de Gramsci?



Podemos: ¿una victoria de Gramsci?



Una de las  principales aportaciones de Antonio Gramsci  fueron sus reflexiones sobre el fracaso de los procesos revolucionarios en los países a cuyas sociedades podríamos calificar como “avanzadas”. La explicación de Gramsci para ese fracaso, grosso modo, era que en estos países  la sociedad civil presentaba un panorama más tupido, y  los anticuerpos, por utilizar un término muy comprensible, del sistema, eran más eficaces. Por eso en Rusia, por ejemplo, ante una sociedad más desestructurada y un aparato estatal de coerción más burdo, habría sido posible un proceso revolucionario.

¿Qué tiene que ver todo esto con Podemos?  Pienso que el principal acierto de la formación encabezada por Pablo Iglesias puede venir marcado por la comprensión del análisis gramsciano de las sociedades de los países desarrollados, y no se han quedado solo en el análisis, sino que a partir de ahí han llegado a la conclusión de que era necesario penetrar en el instrumento más potente de construcción de la hegemonía del sistema: los medios de comunicación. En este sentido, tal vez una de las conclusiones políticas más fuertes que podemos sacar de este estupendo resultado electoral es que tal vez los puntos más sólidos del Sistema pueden esconder su propia debilidad, y que un ataque llevado a cabo con una mezcla de  inteligencia y prudencia puede provocar grietas en el muro.

 La izquierda había abandonado demasiados campos de batalla sin siquiera oponer resistencia, nos hemos dejado arrebatar hasta las palabras sin luchar por ellas. Hemos dejado ultrajar un concepto de nuestra tradición: la democracia, permitiendo que se emplee esta palabra para describir algo que no tiene nada que ver con su significado real, ya es hora de ir ocupando espacios y planteando debates en profundidad. El debate sobre Europa ha quedado pendiente y me parece urgente que se aborde. También forma parte de nuestra tradición la actuación en los medios de nuestros “rivales” para desmontar sus argumentos y para hacer llegar a los ciudadanos nuestras propuestas. En ese campo tengo que decir que el diseño de la campaña de Podemos me ha parecido perfecto.

Creo que en Podemos, volviendo a Gramsci, sí han comprendido que estamos en una fase de guerra de posiciones, y que mientras no se vislumbra una posibilidad de cambiar el Sistema sí se puede ir avanzando y trabajando por cambiar el sentido común de una parte importante de la población. Ese trabajo previo de influencia en el sentido común de las mayorías sociales lo han hecho penetrando por pequeños orificios en el mayor aparato de generación de consensos y de creación de tendencias: la televisión. Nadie puede negar, los resultados cantan, que esa estrategia ha sido todo un éxito y debe servir para reflexionar al conjunto de la izquierda, para seguir potenciando los medios alternativos y para estudiar cómo conseguimos acceder a los medios de masas.

Tal vez la izquierda ha olvidado que la principal ocupación de Marx fue estudiar cómo funcionaba el sistema, para saber cuáles eran sus debilidades, cómo vivían los oprimidos,  y cuál era la composición interna de las clases sociales. Tal vez llevamos demasiado tiempo protestando por la omnipotente influencia de los medios de comunicación y sobre como sirven a los intereses de los poderosos y no hemos hecho nada por tratar de “asaltarlos”. Y, por supuesto, llevamos muchísimo, demasiado tiempo, instalados en la “confortable y honrosa” derrota: afrontamos las elecciones sin demasiada ilusión, dando por sentado que con nuestro porcentaje de siempre podremos capear el temporal a la espera de unos buenos tiempos que parece llegarán sin que tiremos de ellos.

Creo que Podemos supone un cambio muy importante en cuanto a la manifestación de una voluntad de dar pasos con intención de conseguir la victoria. Me parece que si se ha hecho un análisis muy importante sobre la influencia de los medios de comunicación y del conjunto del aparato de creación de consensos, en este sentido hay que destacar algún trabajo de Pablo Iglesias sobre el cine y otro en preparación sobre la series de televisión. Se trata de un trabajo aún incipiente pero que se debería seguir desarrollando. De todos modos quedan aún muchísimos temas clave por abordar, desde luego el más importante de ellos es la cuestión de clase y el estudio de cuál es la actual composición y situación de la clase trabajadora en nuestro país.

La cuestión de clase es uno de los temas que está aún, a mi juicio, demasiado ausente en el discurso de Podemos. Creo que es indiscutible que existe un importante número de jóvenes con estudios universitarios con aspiraciones frustradas  a los que la crisis ha proletarizado o les ha obligado a emigrar, pero no debemos olvidar que, probablemente, la mayoría de los jóvenes no han alcanzado ese nivel de educación y se mueven en un mundo extremadamente precario y en circunstancias posiblemente más duras. Un discurso, que a veces puede abusar de una especie de  neolengua, dirigido en exclusiva a una elite ilustrada sería un error muy importante. No sé si es posible, pero resultaría muy interesante saber el grado de penetración del discurso de Podemos entre esas personas a las que el escritor socialista británico Owen Jones ha denominado Chavs, término posiblemente intraducible  que se refiere a jóvenes que, por una u otra razón, no han tenido la posibilidad de acceder a la formación y viven hundidos en la precariedad, y que en algunos casos han creado su propia subcultura.

Si Podemos pretende empezar a construir para empezar a ir ganando posiciones debe contar con el apoyo y la participación de  las mayorías sociales, por lo tanto debe huir de cualquier teoría que proclame la disolución de las clase sociales y el fin de la clase trabajadora. Desde luego que quien considera las clases sociales como algo estático, impermeable y ajeno a la evolución de la sociedad también yerra de modo absoluto, pero es innegable, pese al ascenso del porcentaje de personas con educación superior o pese al proceso de tecnificación del trabajo, que la explotación del trabajo asalariado continúa siendo el pilar del Sistema. Es imprescindible que Podemos no dé la imagen de un grupo que solo se dirige a jóvenes universitarios descontentos por lo mal que les ha ido la vida sino que se trata de un partido o movimiento que trabaja para el autogobierno de la mayoría social de explotados. Podemos debería, en mi opinión, cambiar una cierta tendencia a magnificar el “yo” para fomentar el “nosotros”, sólo así será posible trabajar sobre el sentido común y construir una sociedad democrática e igualitaria.

Antonio Gramsci también incidía de un modo muy vivo en la importancia de decir la verdad a la gente y en el potencial revolucionario de la verdad. En ese sentido, sigo pensando que el discurso de Podemos en cuanto a Europa ha sido insuficiente y tal vez apresurado. Es necesario decir la verdad sobre Europa y es necesario decir que la Unión Europea es irreformable y que el Euro es un fracaso absoluto. Los excelentes resultados de los llamados euroescépticos y de la extrema derecha en algunos países tienen que servir también de reflexión para la izquierda europea. No se puede dejar el discurso crítico con el Euro en manos de la extrema derecha cuando es un discurso más que necesario imprescindible. Desde la izquierda no podemos defender una salida del Euro y de la UE sin ton ni son y tenemos que levantar la alternativa de una área económica alternativa de los países mediterráneos basada en valores distintos a los que actualmente guían a la UE, una especie de ALBA mediterránea.

Estoy convencido de que Podemos debe comprender, con Gramsci, que los procesos de constitución de las clases son largos y complicados, y los procesos de construcción de la hegemonía son aún más prolongados y tortuosos. De ningún modo (sería su final y la decepción para miles de personas), pensar que cuando hablamos de “bloque social” nos referimos a una alianza electoral o electoralista. Si se quiere construir algo sólido y con la intención de cambiar las cosas de verdad es fundamental una correspondencia entre métodos y fines. Al mismo tiempo es necesario, por un lado, no caer en el sectarismo que impida alianzas, y, de igual modo, no caer en la ilusión de pensar que las alianzas electorales son un fin y no un medio.

Es muy posible que Podemos haya empezado la casa por el tejado, y que el inesperado éxito electoral le haya pillado en pleno proceso de formación. Las victorias espectaculares también tienen sus peligros, y creo que las gentes que están trabajando en Podemos son conscientes de ello. Me parece muy positivo que las aspiraciones no sean conseguir un porcentaje dentro del sistema sino trabajar con paciencia para tratar de cambiarlo. De ningún modo se puede caer en el ya conocido error de acomodarse en un determinado porcentaje electoral y que el mantenimiento de esa cuota sea el objetivo final de la organización. Tampoco se puede caer en el error de tratar de “representar” a los movimientos sociales o pretender que  “Podemos es el 15M”, eso sería reproducir los vicios de los partidos que hemos conocido hasta ahora.

Los retos por delante son muchos, pero el resultado electoral es un síntoma de un importante torrente de ilusión que se ha generado. En primer lugar creo que va a ser muy importante que se cumpla todo lo que se ha dicho y que los cargos públicos de Podemos prediquen con el ejemplo y respeten los protocolos económicos establecidos por la organización. También es muy necesario que se desarrolle una estructura ágil y que permita un funcionamiento democrático que consiga alejar una innegable imagen de hiperliderazgo que no creo que ayude mucho. Podemos bebe mucho de la experiencia de sus impulsores en los movimientos sociales, la organización debe construirse en y con esos movimientos, pero no debe olvidar la importancia de recuperar un movimiento obrero y sindical que deambula casi como un zombi. Tanto la mayoría social como el bloque histórico que hay que construir, y que son necesarios para cambiar las cosas, están  constituidos por un conjunto de realidades diversas y el programa para el cambio radical debe ser fruto de la deliberación de esas mayorías, y no de directrices impuestas por  personas que se autoatribuyan, en su condición de “intelectuales”, la representación de los otros.

Estamos ante un hecho muy importante, tal vez único en nuestra historia reciente, y muy posiblemente se han sumado diversos factores que han producido esta tremenda sorpresa: la crisis económica, el impulso del 15M, la entrada en el campo político de una nueva generación, el agotamiento del régimen surgido de los consensos de la Transición o el acierto político de atacar al sistema desde sus propias entrañas, quizás podríamos añadir bastantes más. La ilusión se ha generado y ahora nos toca aprovechar su impulso para cabalgar sobre las olas y no defraudar a esa generación de nuevos militantes, son ellos los que deben recoger la experiencia acumulada y construir, junto con los más mayores, y con paciencia pero sin pausa, la alternativa de sociedad que se plasme en un mundo más justo, democrático e igualitario.


Carlos Gutiérrez (MIA-Pinto)

jueves, 3 de abril de 2014

Mi opinión sobre la presentación de PODEMOS



  
Estas son algunas unas impresiones, incompletas y no demasiados ordenadas ni extensas, sobre el acto de presentación de Podemos en Pinto.


El acto de presentación de Podemos me pareció interesante sobre todo porque se habló de política en sentido fuerte, denso, más allá de la inmediatez de unas elecciones o de la necesidad de la agitación, hace tiempo que eso no pasaba en Pinto. Agradecí mucho que no se tratase de un discurso de agitación y propaganda sino de reflexión y propuesta de futuro. A unos les puede parecer más consistente y  elaborado y a otros menos, pero Juan Carlos Monedero expuso, tal como afirmó, su concepción de la política y del proyecto que era necesario. No he leído su último libro, pero si he visto otros actos en los que ha participado últimamente y el discurso y lo que contó es muy similar. Me pareció honesto  que reconoció que en cuanto al método, las cosas no se habían hecho bien, aunque “era lo que había”, en eso no estoy completamente de acuerdo y creo que los métodos son importantes.

De igual modo me pareció honesto porque no nos trató de vender una solución mágica para las cosas, y porque dejó claro que las “grandes soluciones” solo pueden llegar a largo plazo y mediante un cambio profundo en el sentido común de las personas, aunque en mi opinión es demasiado optimista en cuanto a poder cambiar ese sentido común con relativa rápidez. Creo que es muy de agradecer que se dijese de modo expreso que no había intención de hacer la enésima secta.

Me parece interesante que la concepción que de Podemos tiene Monedero sea la de un catalizador para impulsar tanto la incorporación de los nuevos sujetos aflorados a raíz del 15M como para tratar de unir al conjunto de la izquierda que navega hecha mil pedazos. Al mismo tiempo, como el bien dijo, es “su idea de Podemos”, que no tiene porque coincidir con la de otra gente o grupos que participan, eso es un poco preocupante.

Sigue habiendo, a mi juicio, varias cosas que pueden inducir a la duda o a la preocupación: reconoció que es muy posible que, desde su génesis, en Podemos existan proyectos distintos o perspectivas de futuro que no coincidan. La idea suya y la de Pablo Iglesias de agitar IU para que sea lo que debe ser me parece audaz pero, repito, no sé si es compartida por todos los impulsores del proyecto. Al mismo tiempo si se trata de un proyecto de futuro, y con objetivos que solo se pueden cumplir a largo plazo, parece que surge alguna contradicción si se afirma que lo fundamental es “agitar a IU” para que cambie y encuentre una identidad democrática y pegada a la sociedad, para que se convierta en el movimiento sociopolítico que proclamaba en su nacimiento y que nunca llegó a ser.

No me terminó de convencer eso de Podemos como expresión política del 15M. Me parece un poco mecánico y no estoy seguro si el 15M se puede traducir, al menos todavía, en una organización política con nombre y apellido. Tal vez aún es demasiado pronto para eso y la cosa debe  cuajar. De todos modos si es cierto que lo que no nos podemos permitir es que las personas a las que el 15M ha sacado de sus casas retornen a ellas decepcionadas. Pero eso puede suceder tanto por la ausencia de referente político como las prisas excesivas en su construcción. Me sigue preocupando que la gente se queme.

Puestos a señalar cosas que no me gustaron, me pareció que la afirmación de que los instrumentos del pasado ya no valen fue demasiado genérica, que había que matizarla y explicarla. La crisis de consenso con respecto a partidos y sindicatos no quiere decir, al menos de modo automático, que los partidos y los sindicatos sean formas superadas. También algunas afirmaciones sobre la difuminación de los límites entre izquierda y derecha son arriesgadas y pueden llevar a legitimar discursos similares a los de UPyD, cosa que me parece bastante peligrosa.

Pese a que, de modo correcto en mi opinión, afirmó que lo que hay que hacer es aprender de la gente, que todos tenemos que colaborar en los proyectos políticos, en algún momento se pudo entrever un cierto aire de superioridad de “los intelectuales” que son los que van a revelar la verdad al pueblo. Me parece que eso es un error y que tenemos que tener muy claro que todos somos, de algún modo, intelectuales, que todos somos capaces de pensar y de elaborar. Si no tenemos claro esto vamos a reproducir la división propia del sistema en el que vivimos: unos piensan y otros ejecutan. Que alguien se autoatribuya la categoría de “intelectual” no me parece bien, creo que en ello subyace una intención de superioridad que no creo que sea útil ni real.

Pese a esto último, diría que la concepción que de Podemos tiene Juan Carlos Monedero no me desagrada, un intento de unir a la izquierda, a la que ya está organizada y a la que aún no lo está, pero no estoy seguro de que sea lo que vaya a ser Podemos realmente, tal vez Podemos sea lo que la gente que se sume al proyecto quiera, por eso me parece muy positivo que haya personas que desde fuera, desde las eternas guerras internas de la izquierda, trabaje en Podemos.

lunes, 27 de enero de 2014

Un blog muy interesante sobre la historia del PCI



Luigi Longo y la historia del PCI es el blog del historiador comunista Alex Hobel. En el podemos encontrar amplia información sobre los dos libros que ha publicado sobre el secretario general del PCI que sucedió a Palmiro Togliatti. Los libros son: "El PCI de Luigi Longo" dedicado a la etapa de Longo como secretario general del partido y "Luigi Longo, una vida partisana" que se refiere a los primeros años de su vida, a su importante participación en la Guerra Civil española y finaliza con las luchas partisanas y la liberación de Italia del fascismo. Tengo el primero de los libros y sólo he podido, de momento, echarle un vistazo, pero estoy seguro que descubre muchas cuestiones sobre un personaje al que la historia parece haberle dejado solo definido como "el sucesor de Togliatti":


http://luigilongoestoriapci.wordpress.com/